Valoración Moral sobre el Aborto

La vida del ser humano como núcleo fundamental y derecho inalienable desde su concepción hasta su muerte natural es el tema que nos convoca.

El precepto de la Iglesia Católica en esta materia ha sido claro y unánime, remontado desde sus inicios al mandamiento “no matarás”. El Padre César Torres, Licenciado en Teología moral de la Academia Alfonsiana de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, ha estudiado de cerca el tema, al respecto nos comparte algunas ideas desde el punto de vista moral. “Tenemos claridad en que la cuestión fundamental en todo el debate sobre el aborto se encuentra en el derecho a la vida del no-nacido. Este es el punto focal desde el cual se ha suscitado todo tipo de discusiones. El reconocimiento de la dignidad de todo ser humano exige el respeto, la defensa y la promoción de los derechos de la persona humana. Un niño-niña engendrado en el vientre de una madre es acreedor, en primera instancia, del más grande de los derechos humanos: ser acogido, respetado y cuidado, bajo ninguna circunstancia debe considerarse no deseado, ni ponerle fin a su vida”.

¿Qué nos puede decir de la postura de la Iglesia, tiene esta alguna inflexión frente a algún caso en particular o situación dramática?

“El Magisterio de la Iglesia hace una clara defensa del valor de la vida, valoración que se puede sintetizar en los siguientes puntos: Primero, hay una clara y unánime afirmación de que la vida es inviolable desde el momento de la concepción. Segundo, la afirmación de este derecho a la vida del no-nacido se fundamenta en una reflexión que ha contemplado los datos científicos acerca del valor del nuevo ser: su carácter biológico humano, la continuidad del proceso de desarrollo embrionario, el ser llamado a la vida en un contexto humano. Tercero, la afirmación del derecho a la vida del no-nacido se aplica incluso en las situaciones más dramáticas: indicación terapéutica, eugénica y “ética”. Se insiste además en un argumento de raíz evangélica para proteger la vida del que estar por nacer: el valor que para Jesús tiene la vida del pobre, el débil, del que no tiene voz para defender sus derechos”.

Cuando se decide terminar con la vida del ser humano que está por nacer por una u otra razón. ¿Cree usted que recae sobre el decisor algún poder ético, legal para determinar quien merece vivir?

“En el tema de la despenalización o legalización del aborto, los documentos eclesiales repiten con frecuencia la distinción entre los planos ético y legal, y si efectivamente el legislador no está obligado a sancionar la violación de todo valor ético, sino únicamente de aquellos que afecten al bien común, existe una unanimidad en afirmar que, en el caso específico del aborto, está en juego un valor básico, primordial y un derecho fundamental-el derecho a la vida- que debe ser siempre protegido legalmente. El valor de la vida del ser humano es anterior a cualquier ley, velar por su integridad y desarrollo armonioso es tarea de todos”.

Esta es la doctrina que viene reafirmada, con extraordinaria fuerza, en la Carta Encíclica Evangelium vitae. Asumida con fuerza por los Obispos en todo el mundo. En el texto San Juan Pablo II nos recuerda que: “el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente”. 

Nos enseña el Sumo Pontífice que “El hombre está llamado a una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios. Lo sublime de esta vocación sobrenatural manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal. En efecto, la vida en el tiempo es condición básica, momento inicial y parte integrante de todo el proceso unitario de la vida humana. Un proceso que, inesperada e inmerecidamente, es iluminado por la promesa y renovado por el don de la vida divina, que alcanzará su plena realización en la eternidad (cf. 1 Jn 3, 1-2). Al mismo tiempo, esta llamada sobrenatural subraya precisamente el carácter relativo de la vida terrena del hombre y de la mujer. En verdad, esa no es realidad « última », sino « penúltima »; es realidad sagrada, que se nos confía para que la custodiemos con sentido de responsabilidad y la llevemos a perfección en el amor y en el don de nosotros mismos a Dios y a los hermanos”.

En clara alusión a las amenazas a la vida humana expone. “Cada persona, precisamente en virtud del misterio del Verbo de Dios hecho carne (cf. Jn 1, 14), es confiada a la solicitud materna de la Iglesia. Por eso, toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe en la encarnación redentora del Hijo de Dios, la compromete en su misión de anunciar el Evangelio de la vida por todo el mundo y a cada criatura (cf. Mc 16, 15)”.

Fuente: Comunicaciones Osorno

 

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