Acción de Gracias por la patria en San Felipe. Danos, Señor, un corazón limpio para amar

Con la asistencia de  autoridades provinciales y comunales, de las provincias de Los Andes y San Felipe, Mons. Cristián Contreras Molina presidió el solemne TE DEUM con el cual la Iglesia de Aconcagua dio gracias a Dios por el aniversario de la Independencia de Chile.

La celebración vivida en la catedral de San Felipe estuvo iluminada por la Palabra de Dios y la palabra de la Iglesia. El momento culminante se produjo cuando el pastor elevó la voz para entonar el himno de alabanza y gratitud por el pueblo de Chile. Especial mención hubo para los padres de la patria y los miles de chilenos que a lo largo de la historia han dado su vida por hacer de esta nación una familia que se reconozca  en su fe, en su diversidad y en el anhelo de crecer en dignidad y justicia.

 

La homilía de Monseñor Contreras tuvo como iluminación el texto de las Bienaventuranzas  (Mt 5, 1-11) señalando que estas se ubican en el centro de los anhelos del corazón humano porque todos  queremos vivir felices. Cristo les añade un horizonte trascendente, es decir, de salvación eterna. Quien vive de acuerdo a las bienaventuranzas tiene la puerta abierta del cielo. ¿Quienes son los que heredarán la tierra? Los capaces de desprenderse de sí mismos para asumir como suyo el dolor y las esperanzas del hermano. Esta capacidad para amar hará posible el desarrollo del país sin que nadie sea menoscabado  por su origen, educación,  etnia o religión.

El obispo diocesano Observó que la iglesia nunca ha estado en contra de los cambios que procuran,  entre otros,   el bien común, el fortalecimiento de la familia, una educación de calidad para todos, una  justa distribución de los bienes y la inclusión  de todos en los procesos que hagan de Chile una nación integrada, dialogante y respetuosa del pensamiento ajeno expuesto en un ámbito de tolerancia y respeto. En esta misma dinámica reflexiva, Mons. Contreras señaló que la Iglesia, al igual que muchas otras instituciones tiene el derecho de hacer sentir su voz cuando observa que propuestas presentadas como de bien público,  atentan contra la vida, la dignidad, la familia y la justicia social.

La felicidad, concluyo el pastor, no está en acumular bienes y poder en una sociedad de consumo que favorece el bienestar rindiéndole  pleitesía al dios dinero. Las desigualdades frustran las esperanzas de los pobres al no contar con una casa digna, una educación de calidad y la indispensable atención de salud sin  tener que esperar meses para  realizarse un examen o una intervención quirúrgica.

Al finalizar la homilía Mons. Contreras dio gracias a Dios por el aporte de todos los actores políticos y sociales al  bien del desarrollo de Chile. Invitó a sumarse a  las  iniciativas  de los gobernantes encaminada s a fortalecer una sana convivencia, una amistad cívica y por sobre todo, aquellos proyectos que protegen la familia, el trabajo digno y justamente remunerado, como así mismo, la dignidad de la mujer y la defensa de los niños vulnerados en su intimidad y en sus derechos.

Comunicaciones Obispado San Felipe

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